Aquí y allá

Ya no se lo que escribo, perdí la pluma, tengo un poco de tinta, tengo páginas en blanco que están sueltas. Quiero ser honesto, como si fuese algo nuevo, siempre descubro que yéndome a la orilla del mar en medio de la espuma y con el agua arriba de la cintura es donde los pensamientos se me disuelven, todo es más real, todo es más puro, como si fuera una brújula que apunta solo hacia la profundidad desconocida del océano. Con mi madre y mi tía cerca de ahí, me decía – he traído  a mi familia, a  mi hogar – mi hogar no es el océano, mi hogar no es la parte de la mar en la que estoy nadando, mi hogar es eso y mi persona aquí, lo que soy, la forma en la que me hago responsable de mi, de lo que pienso, de lo que siento, de lo que comparto, de lo que me guardo y de lo que no. Me la paso identificando y observando cualidades del océano, aunque él no pueda gesticular palabras habla, expresa naturalmente, y en el silencio que creemos que guarda, nos habla del tiempo que transcurre y que es nuestro, ¿ya has pensado en desacelerar solo porque has visto unos minutos hacia las olas, y atrás de esas olas? pasa. Siento que ese es mi hogar cuando me la paso haciendo esas observaciones, manteniendo esas conversaciones solo, e identificando en que circunstancias puedo aplicarlas cuando estoy a kilómetros de la costa, cuando me voy de la orilla y sigo siendo el mismo. Como si fuera una gota que salpica metros fuera de la orilla cuando al subir o bajar la marea  el agua choca contra las rocas. También observaba, ¿cuánto tiempo de formación ha pasado una roca pequeña que me llega a los pies? Yo puedo ser esa roca pequeña. El océano no nos dice – aquí tengo esta roca pequeña abajo de la arena y  varios metros bajo la superficie – solo la guarda, como una de sus historias, como uno de sus secretos. Después de sumergir mi cuerpo completo, me dije – estoy listo para entrar –  luego de eso pensaba, ¿qué voy hacer con las letras? amarlas.

Leve tiempo

He probado escribir en prosa, casi con el mismo cuidado que he probado verte. Hay pequeños momentos dentro del tiempo que nos cortan el aliento, y que nos dejan en un nuevo inicio, volvemos adonde no sabemos nada, donde no tenemos control, y nos queda ser personas con la necesidad de dimensionar y ser alcanzativas. Esto si queremos sobrevivir entre el frío, la injusticia y los miedos.

La vida me sonríe

La vida me sonríe contigo frente a un espejo, y conmigo atrás tuyo besándote la espalda. Me sonríe al verme de reojo con el cabello suelto y con solo la piel de vestimenta a lo que soy, un esqueleto. Una copa de vino o dos que no saben más que a tus miradas tendidas en sonrojo frente a las mías cuando hacemos el amor. El corazón que me palpita más ganas porque es más libre que las sombras en medio de la oscuridad. Y yo que me termino durmiendo solo entre la realidad de divagar frente a tus ojos, expuesto, presto a tu voz que menciona mi nombre. Por un lado eso, por otro los siglos de espacio entre mis incansables palabras que encuentran un espacio para escapar del silencio. Y que me tienen aquí ahora, narrando sucesos que me provocan verte, hablarte, besarte, o ponerte frente a un espejo.

9 de Junio, 2020

La última vez la página era blanca. Y la humanidad tenía varias historias caóticas menos. Ahora somos presos, pero no como los que caen en manos de la religión, otro tipo de presos, no salimos de casa. Yo soy preso de la idealización de la poesía, la de verme cayendo sensible y deforme, como si fuera una masa sin huesos, cayendo en algunos versos, en líneas de palabras profundas, con sentido y con subjetividad. Soy preso de eso, de la idealización. Llevo no sé cuantos meses sintiendo que ya escribí mi último verso, sintiendo qué tal vez tengo uno más escondido en algún lado, no lo encuentro, sin embargo quise cambiarme de camino, un rato, tal vez aquí veo algo de luz, en la prosa. Es posible que entre ese palabrerío salgan unos cuantos versos buenos, con menos miedo. Como no hemos venido a buscar conversar con la poesía, queremos evocar a la prosa. Sabemos que es Junio del 2020, sabemos eso, hay muchas otras cosas que no sabemos, como si el presidente puede ser más, o menos orgulloso, no sabemos eso, no sabemos qué percepción de transparencia tienen las personas en mi país, no sabemos hacia dónde nos dirigimos, teniendo una mente con mucho potencial y energía para sembrar y cultivar ideas que unan, hoy con la injusticia y la incertidumbre no sabemos qué pensar. En Costa Rica se legalizó el matrimonio igualitario, en mi país la gente aún teme hablar, ¿cómo vamos a dialogar sobre las libertades?, y mejor aún, ¿cómo vamos a dialogar sobre la relatividad de la libertad? muchos no conocen sus derechos. Mi país celebra la patanería como si fuese una fiesta de cumpleaños. El contraste es real y queremos verlo, así como vimos a todos los que se movieron felices a extender la mano cuando el país fue azotado por la lluvia, literal por la tormenta; mientras tanto otros queríamos estar ahí sintiendo el calor de un pueblo unido, pero ni nosotros podíamos ver las cadenas, porque son invisibles, cadenas que están ancladas al sistema capitalista, que nos aleja de lo visible. Entre los mensajes y pequeñas preguntas que se publican en Twitter, se leía – ¿Qué sería lo que escribiría Roque? – en El Salvador, siendo afortunados de tener un pedacito de agua oceánica, mucha gente pensaba, soñaba, anhelaba poner los pies en la arena, un suelo más suave que el de la ciudad, casi como si la gente tuviera que huir, entre esos yo. En casi 90 días, mi mamá y mi tía me dijeron con su existencia, y su compañía, que debemos amar a la mujer, que somos responsables todos los seres humanos de que la vida y la igualdad comience a sembrarse en las mentes y en los corazones, porque sí, el tiempo pasa y todos lo sentimos cuando recordamos, porque la sociedad nos lleva con el cuello entumecido viendo solo hacia al frente, no ejercemos nuestra libertad de recordar, y a menudo se escucha decir que recordar es volver a vivir, pues claro, uno se da cuenta que solo una vez se puede decidir en el paso mismo de los días. Me veo en el espejo, y me gusta lo que veo, y me pongo a bailar un ritmo muy latino, suenan guitarras acústicas, voces melódicas, bongós con sabor a coco, y que lo hacen a uno querer enamorarse, o apreciar el sabor de los labios de la persona que a uno le gusta, o de besarse la espalda. Pasarse de un tema a otro, con un número reducido de minutos, es algo usual, cuesta un poco, como si uno fuera tartamudo, pero escribiendo, todo es que me ponga más seguido; seguro con eso tendría que comenzar acostumbrarme a comer menos, eso me trae caminando sobre piedras calientes, como si ya no sintiera, pero ya vi que el precio es alto, para comprar páginas limpias, páginas nuevas. Sigo caminando es el título de una canción de los cafres que me gusta mucho. La música, nos ha demostrado que si puede ser agua fresca, que nos limpia, que nos quita el miedo y nos acerca. Pienso en las músicas y los músicos, perdidos en el vórtice de la magia de la creación de música. Un rato más, pensando.

¿A quienes responden ustedes?

Los violentados hombres tras los edificios de vidrio

Los inconscientemente atormentados prisioneros de los entre comillas

Hombres

Los que invierten y ganan con nuestro tiempo

¿Ya se dieron cuenta?

Seres de una sociedad de rendimiento

Que estamos vendiendo

La libertad

Hasta de pensar

Cuando el agotamiento ya no les permite razonar ni ver hacia adentro

Fácil, con una huella te marcan los minutos

Y no se mira el peso de la vida

Hasta que llega la hora de partir

¡Reacciona!

Hombrecillo, las riendas de la experiencia

Están al otro lado de los muros

Donde amanece y anochece todos los días

Porque el tiempo, sigue

Es nuestro